Somos nosotros quienes ponemos nuestras vergas en la bocas de quienes no nos lo han pedido. O quienes violamos mujeres contra su voluntad. Somos nosotros, los hombres, las personas, quienes actuamos perjudicando a los otros, queriendo o no, adrede o por accidente. Porque no es la vida ni el karma los encargados de hacerlo.
Por eso nada es mejor que el sabor de la venganza. Nada. Satisfacer el cobro de una deuda pendiente con alguien. Con quien nos ha hecho daño. Tatuarlo con nuestro odio. Utilizar una aguja que perpetúe con tinta indeleble en el pecho de esa persona Soy un maldito cerdo violador. Que lo marque, como a nosotros nos ha marcado.
Para ello es necesario un plan. Fraguar con antelación de qué forma podremos retribuir el daño. Aunque no se sepa tatuar, eso es lo de menos. Conocer las debilidades de esa persona. Investigarla. Actuar con paciencia y cautela. Y no tener ni la más mínima duda de que se está actuando por nuestra propia justicia. La que nadie más nos otorgará.
Porque la venganza mueve con mayor facilidad a las personas que cualquier otro sentimiento. Si lo haces, tendrás la cabeza de ese que deseas. Y con solo esas palabras se insta a mover el pasado, el de muchos años atrás, cuando las flores enmarcadas comenzaron a llegar en cada cumpleaños. Porque se cometió alguna injusticia sin resolver.
La venganza mueve, sea el motivo que sea, porque es la forma más solvente de justicia que conocen los hombres.
La venganza mueve, sea el motivo que sea, porque es la forma más solvente de justicia que conocen los hombres.
De devolverles la paz. De sentir que han puesto en orden al mundo. Que le han devuelto algo que se le había perdido. Porque una herida solo se sana hiriendo. Como cuando se tira un cuchillo después de que nos cortó. Como cuando se le patea a un perro que nos ha mordido. Sin esperar la respuesta del otro -porque ya se está a mano- y que así se vuelva el mundo una inacabable serie de venganzas.
Aunque ya lo es.
Me gustaría una estadística que mostrara cuántas venganzas se cometen en el mundo, como las hay de mujeres abusadas, golpeadas, violadas. Quizá el número sea mucho menor. Porque para vengarse se necesita perder el miedo. Ese que hace que las personas desaparezcan misteriosamente y para siempre, alejándose de aquello que les hizo mal. De esa persona. Y que las cosas se queden impunes.
O se le perdona y se da por olvidado, aún cuando no lo sea. "Porque el ser humano es memoria", y aquello que le hace daño no se perdona ni se olvida. Se lleva consigo cada día, como un reloj o unos zapatos. O como un tatuaje de dragón en la espalda.
The Girl With The Dragon Tattoo, (La chica del dragón tatuado), 2012, David Fincher. Guión de Steven Zaillian, basado en la novela de Stieg Larsson. Con Daniel Craig y Rooney Mara.

Es una chingonería de texto, Sam. Simplemente me dejas sin palabras.
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