martes, 28 de febrero de 2012

El estruendo de un beso

Me levanté de la cama en cuanto las escuché besarse. Pensé que las bromas del trío eran solo eso, bromas. Pero no, ahí estaban las dos, en la misma cama que yo, besándose. Aprovechando que ya me había dormido para hacerlo. Qué poca madre, qué mierda. Así que me levanté de la cama y me fui a la cocina.
Las deje a solas. A mi novia y a su hermana. 
Miré el cielo que se colaba a través de las persianas. Sentí su mano recorrer mi espalda.
-¿Qué te pasa?
Era ella, la mujer con la que había hablado hace unas horas sobre lo mal que iba nuestra relación. La mujer con la que había hablado y con la que pensé que con eso podría arreglarse suficiente. La mujer que habló con su hermana minutos atrás porque la necesitaba. La mujer que me pidió que le diéramos asilo. Que durmiera con nosotros en nuestra cama. Mi novia. 
-No te hagas pendeja. 
Pendeja. No se cuantas veces repetí el insulto. Pero una y otra vez ella me repetía:
-¿Pendeja de qué? ¿Qué te pasa?
Cuando fuimos a recoger a su hermana, yo bromeé diciendo que haríamos un trío con ella en la casa. Porque no hay otra cama mas que la de mi novia y la mía. La misma cama. Todos bromeamos y fuimos felices. A la hermana la habían corrido de su casa y necesitaba dónde quedarse. 
Además, entre hermanas no se besan, pensé. 
Pero cuando las escuché hacerlo, no pude hacer otra cosa que marcharme de allí e ir a la cocina que está a unos pasos. Recostarme en el suelo y dejarlas hacer lo que quisieran. No me esperaba menos de ella. De mi novia. 
-Eres una puta. 
Puta. Qué falta de originalidad la mía. Utilicé las palabras que todos usan para ofender a las mujeres. Peor aún, las que todos usan para ofender. Y todavía peor, la cara de ella totalmente ofendida por lo que yo decía. Y por los manotazos que le dí. Y cuando le dije que se largara a hacer lo que quisiera. Que me dejara solo y en paz. Ofendidos todos. 
Sin razón alguna. 
Así amaneció, conmigo en el suelo de la cocina y con las hermanas en la cama. Todavía ella, mi novia, me llevó una cobija para que la pasara menos mal.
-Lárguense. Lárgate, ya no te quiero. Solo me enfermas. -Le dije. 
-Lo único que te voy a decir es que no pasó nada de lo que estás pensando. -Me respondió. 
En cuanto se fueron, tomé el lugar que ellas habían dejado: la cama. Dormí mucho. Dormí aún a oscuras y desperté a oscuras también. Pensé que había sido un mal sueño y que llevaba varios días en la cama. Por lo menos dos. 
Dos segundos. 
En dos segundos perdí la cordura y el control sobre mí. De eso le había advertido a mi novia horas antes, cuando platicábamos de la infidelidad. Le dije que yo era peligroso, inseguro, y que no iba a poder cambiar. Sin embargo, no sé cómo, ella siempre tiene el poder de tranquilizarme. Excepto cuando pensé que estaba besando a su hermana en la misma cama que yo. 
Seguía oscuro cuando desperté. Hasta la cama estaba harta de mí. Cuando me senté al filo de ésta, escuché el sonido que los labios de las hermanas habían hecho cuando estaban junto a mí en la misma cama. Mierda, ¿qué no fue un sueño? No. Ahí estaba el sonido, el mismo. Me concentré para distinguir de dónde provenía. No podía ser, si ellas ya no estaban ahí. Escuché más atentamente, cada vez más aterrado por mi error. Cada vez más estúpido. Arrepentido. Un miedo insoportable, el que uno mismo se puede causar. 
Dos segundos. 
Era la manecilla del reloj. Sonaba cada dos segundos, con un estruendo similar al de un beso. O eso fue lo que escuché. Lo que quise escuchar. 

lunes, 27 de febrero de 2012

Una aguja con tinta indeleble


Somos nosotros quienes ponemos nuestras vergas en la bocas de quienes no nos lo han pedido. O quienes violamos mujeres contra su voluntad. Somos nosotros, los hombres, las personas, quienes actuamos perjudicando a los otros, queriendo o no, adrede o por accidente. Porque no es la vida ni el karma los encargados de hacerlo. 
Por eso nada es mejor que el sabor de la venganza. Nada. Satisfacer el cobro de una deuda pendiente con alguien. Con quien nos ha hecho daño. Tatuarlo con nuestro odio. Utilizar una aguja que perpetúe con tinta indeleble en el pecho de esa persona Soy un maldito cerdo violador. Que lo marque, como a nosotros nos ha marcado. 
Para ello es necesario un plan. Fraguar con antelación de qué forma podremos retribuir el daño. Aunque no se sepa tatuar, eso es lo de menos. Conocer las debilidades de esa persona. Investigarla. Actuar con paciencia y cautela. Y no tener ni la más mínima duda de que se está actuando por nuestra propia justicia. La que nadie más nos otorgará. 
Porque la venganza mueve con mayor facilidad a las personas que cualquier otro sentimiento. Si lo haces, tendrás la cabeza de ese que deseas. Y con solo esas palabras se insta a mover el pasado, el de muchos años atrás, cuando las flores enmarcadas comenzaron a llegar en cada cumpleaños. Porque se cometió alguna injusticia sin resolver.
La venganza mueve, sea el motivo que sea, porque es la forma más solvente de justicia que conocen los hombres. 
De devolverles la paz. De sentir que han puesto en orden al mundo. Que le han devuelto algo que se le había perdido. Porque una herida solo se sana hiriendo. Como cuando se tira un cuchillo después de que nos cortó. Como cuando se le patea a un perro que nos ha mordido. Sin esperar la respuesta del otro -porque ya se está a mano- y que así se vuelva el mundo una inacabable serie de venganzas.
Aunque ya lo es. 
Me gustaría una estadística que mostrara cuántas venganzas se cometen en el mundo, como las hay de mujeres abusadas, golpeadas, violadas. Quizá el número sea mucho menor. Porque para vengarse se necesita perder el miedo. Ese que hace que las personas desaparezcan misteriosamente y para siempre, alejándose de aquello que les hizo mal. De esa persona. Y que las cosas se queden impunes.  
O se le perdona y se da por olvidado, aún cuando no lo sea. "Porque el ser humano es memoria", y aquello que le hace daño no se perdona ni se olvida. Se lleva consigo cada día, como un reloj o unos zapatos. O como un tatuaje de dragón en la espalda. 

The Girl With The Dragon Tattoo, (La chica del dragón tatuado), 2012, David Fincher. Guión de Steven Zaillian, basado en la novela de Stieg Larsson. Con Daniel Craig y Rooney Mara. 


Todo el día sentado



Trata de inventar una historia tras otra. Que todas estén bien amarradas. Que sean entretenidas para el lector. Que éste no suelte el libro cuando desconfíe de ti y de tus mamadas. Que te dé una oportunidad de ser parte de su bote de basura o de su cabecera en el librero. Todo eso hazlo en una semana, sin levantarte de tu asiento. De eso se trata. ¿De qué sirven los caminos tomados si uno se va a ir por la sombrita? Hay que fletarse por el sol incandescente, para que nos mantengamos saboreando el asfalto de la carretera, casi a gatas, tocar los vidrios y el piso quemante con las manos, para nunca aspirar al cielo. Ahí vive Dios y todos son dichosos, nada les falta, de todo son merecedores. No, eso no. Mejor adéntrate en la oscuridad que tu mente te ofrece. Ahí viven el miedo, la felicidad y la tristeza. El llanto y la risa. Ahí el fuego quema y deforma la piel. Te derrite en el suelo y ahí te mantiene. Te convierte en parte de la naturaleza. En un igual. No hay mayor diferencia entre tú y el gusano que se devora las plantas y el papel. Así que inténtalo, deja el culo en ello. Lo mejor vendrá cuando termines y notes en lo escrito toda tu desconfianza. Si no es así, levántate de esa silla y ponte a hacer otra cosa. 

miércoles, 8 de febrero de 2012

Yo nunca vi televisión aquí en el teatro




El público no espera al letrero “Aplausos” para chocar sus palmas cuando aparecen Juan Carlos Bodoque y Tulio Triviño a un lado del televisor que enmarca el escenario de “Resucitando una Estrella”. El noticiario 31 minutos ya no es rentable y ahora, Bodoque y Tulio -junto a Patana Tufillo, Juanín Juan Harry y Guaripolo, el personaje favorito de los niños de 31 minutos- deciden crear un programa de concursos para devolver la fama a quienes alguna vez la tuvieron: las estrellas olvidadas de la música. 

La gente mira la pantalla.

Chascoberto con Me cortaron mal el pelo, Flor Juanina (en ausencia de Flor Bovina) con Mi muñeca me habló, Latidos Latinos Urbanos Emergentes Hip Hop Hermano Brother (LLUEHHHB) con Bailan sin cesar, Freddy Turbina con Equilibrio espiritual y John Quijada con Diente blanco no te vayas, compiten por la figura de Tulio labrada en malvavisco o un boleto doble para el show del payasito de la tele.

La gente sigue mirando la pantalla.

Y nadie quiere la figura de Tulio. Ni a un personaje que está dispuesto a todo con tal de tener una oportunidad para demostrar su talento. Un joven artista que lo único que quiere es recitar poesía, pero que recibe, a cambio, el menosprecio y la burla de los jueces (Patana, Bodoque y Guaripolo) y del conductor del programa, Tulio. Será su enojo quien le dé una oportunidad.

La gente mira la pantalla, todavía.

Videos que corren, luces que caen, ambulancias, flautistas y Huachimingo (el ser mitológico extinto, amigo de Bodoque) haciendo entrevistas tras bambalinas, son parte del espectáculo de “Resucitando una Estrella”, con una duración mayor a los 31 minutos. Además del pato Tengo Miedo y su versión de Nessun Dorma que provoca, tanto en los asistentes como en el jurado y el conductor, el choque de palmas. Sin necesidad de usar el letrero “Aplausos”.

Se apaga el telón.  

lunes, 6 de febrero de 2012

Las aventuras del Chupinaski

No está dedicado a Henry. Ni a Charles.  Es para el pinche Chuchupi


Llevaba 16 horas seguidas chupando. No era mi intención, pero me invitaron. Originalmente pensaba en bañarme e ir a la escuela. Pero ninguna de las dos fue posible, porque el alcohol se cruzó por mi camino. Y ante eso no puedo hacer nada. Un vaso del pomo más vara puede hacer a un lado cualquier plan que ya haya hecho. 
Era la fiesta de cumpleaños de aquella mujer. La conocí en otra peda. Me sorprendía, podía beber al ritmo que yo y con la misma música de fondo. 
Tenía unas tetas que aún hoy me obligan a masturbarme. 
Comenzamos con un par de cervezas. Pero ya era de noche y la noche termina en cualquier momento. Exige que te apures con lo tragos. Que tengas mano dura al momento de servir el Reyes. O el Porto. O el Gaviota o Ranchoviejo. Cualquier destilado digno de mis bolsillos desempleados. 
Y, que sobretodo afloje la carne. 
Ya habíamos convivido antes, pero no de esta forma. Digo, porque yo siempre la había respetado. Mirarle las tetas descomunales no es ninguna falta de respeto. Ese día me las acercó. De verdad que no me lo esperaba. Pero lo hizo. Sujeté lo más fuerte que pude mi vaso rosa. No tengo inconveniente con el color de los vasos. Con que tengan alcohol me basta. 
Entonces me las acercó y no pude más que dejarme querer. No soy un hombre que se acerque con facilidad a las mujeres. Me da pena. Aunque, la verdad, lo que tenía en ese momento era hambre. 
-Chupinaski, tengo que enseñarte algo -Me dijo ella. 
-Ougghhh. -Le contesté. 
Mis tripas rugían como león desnutrido de circo. No había desayunado, ni comido, ni nada. En fin, quizá ella podría alimentarme con leche materna. 
-Ven, Chupinaski. 
Me tomó de la mano y luego del rostro. Por poco me olvido del hambre. 
-Ouuu...ghhh
Guardé silencio y la besé. No tuve que hacer nada. Nunca tengo que hacer nada, en ningún sentido. Las cosas siempre llegan por su propio pie. Como las mujeres, el alcohol y la comida. Solo que esta última ya se estaba tardando. Llevaba 16 horas seguidas chupando, y eso sin haber tragado es mortal para mí. Si hay algo que prefiero sobre chupar, es comer. Coger se queda al final. 
-¿Tienes hambre?
-Chi...
Me llevó a la cocina. Quizá se confundió y pensó que el llevarla a la cocina era pretexto para seguir fajando. Así que me tomó otra vez por la cintura. Tengo una figura aún más femenina que ella. Me sentí su hembra. 
-Cógeme, Chupinaski. 
Con habilidad me bajó el cierre y me agarró el chilaquil. Ya me estaba calentando. Pero mi hambre era más poderosa que cualquier cinturón de castidad. Observé a detalle cada rincón de la cocina, cada mueble. Y ni un pinche bolillo duro había allí. Estaba perdiendo la esperanza, hasta que vi el paquete de galletas saladas. 
Ella estaba empapada, con las bragas mal bajadas. Afuera aún se escuchaba música. Algo de Maiden. Era Run to the hills. Canté mentalmente el coro: "Run to the hiiiiills, run for your liiiiiife". 
Me sorprendió que nadie entrara.
-Ah, Chupinaski, ahhhh...
Aún no la penetraba y aquello parecía una orgía. La solté. No pude aguantar que esas galletas estuvieran ahí, sin destaparse. Fui hacia ellas, las abrí y comencé a devorarlas. Ella me miró sorprendida y un poco asustada. Tenía las dos tetas dispuestas a recibir una mamada de antología. De pronto ya no había galletas. Ella comenzó a reírse. Reímos juntos. Me sirvió otra copa. Ella también se sirvió una. Brindamos. 

domingo, 5 de febrero de 2012

Tengo que confesarte algo


Espera
resignado
el momento
que te digan
lo que no te han dicho
antes.
Para "sorprenderte"
con las confesiones.
Para reafirmar
lo que
siempre
has pensado:
Que la carne no es tan débil
como cualquier promesa.